Conductismo operante

, Conductismo operante

Ejemplos de condicionamiento operante

El condicionamiento operante (también llamado condicionamiento instrumental) es un tipo de proceso de aprendizaje asociativo a través del cual se modifica la fuerza de una conducta mediante el refuerzo o el castigo. También es un procedimiento que se utiliza para provocar dicho aprendizaje.
Aunque tanto el condicionamiento operante como el clásico implican conductas controladas por estímulos ambientales, difieren en su naturaleza. En el condicionamiento operante, el comportamiento es controlado por estímulos externos. Por ejemplo, un niño puede aprender a abrir una caja para coger los dulces que hay dentro, o aprender a evitar tocar una estufa caliente; en términos operantes, la caja y la estufa son “estímulos discriminativos”. Se dice que el comportamiento operante es “voluntario”. Las respuestas están bajo el control del organismo y son operantes. Por ejemplo, el niño puede elegir entre abrir la caja o acariciar un cachorro.
Por el contrario, el condicionamiento clásico implica un comportamiento involuntario basado en el emparejamiento de estímulos con eventos biológicamente significativos. Las respuestas están bajo el control de algún estímulo porque son reflejos, provocados automáticamente por los estímulos adecuados. Por ejemplo, la visión de unos dulces puede hacer que un niño salive, o el sonido de un portazo puede ser la señal de un padre enfadado, lo que hace que el niño tiemble. La salivación y el temblor no son operantes; no son reforzados por sus consecuencias y no son “elegidos” voluntariamente.

La teoría de b.f. skinner

El condicionamiento operante (también llamado condicionamiento instrumental) es un tipo de proceso de aprendizaje asociativo a través del cual se modifica la fuerza de una conducta mediante el refuerzo o el castigo. También es un procedimiento que se utiliza para provocar dicho aprendizaje.
Aunque tanto el condicionamiento operante como el clásico implican conductas controladas por estímulos ambientales, difieren en su naturaleza. En el condicionamiento operante, el comportamiento es controlado por estímulos externos. Por ejemplo, un niño puede aprender a abrir una caja para coger los dulces que hay dentro, o aprender a evitar tocar una estufa caliente; en términos operantes, la caja y la estufa son “estímulos discriminativos”. Se dice que el comportamiento operante es “voluntario”. Las respuestas están bajo el control del organismo y son operantes. Por ejemplo, el niño puede elegir entre abrir la caja o acariciar un cachorro.
Por el contrario, el condicionamiento clásico implica un comportamiento involuntario basado en el emparejamiento de estímulos con eventos biológicamente significativos. Las respuestas están bajo el control de algún estímulo porque son reflejos, provocados automáticamente por los estímulos adecuados. Por ejemplo, la visión de unos dulces puede hacer que un niño salive, o el sonido de un portazo puede ser la señal de un padre enfadado, lo que hace que el niño tiemble. La salivación y el temblor no son operantes; no son reforzados por sus consecuencias y no son “elegidos” voluntariamente.

Condicionamiento clásico

A través del condicionamiento operante, el comportamiento humano se moldea continuamente y se mantiene por sus consecuencias, y entender este proceso es importante para la mayoría de los campos de la psicología y la neurociencia. Sin embargo, el papel del entorno del organismo que aprende ha sido controvertido durante mucho tiempo. Gran parte de la investigación relevante la realizan personas que se identifican con la tradición skinneriana, que tienden a estar de acuerdo en que las causas del comportamiento pueden encontrarse exclusivamente en el entorno. Sin embargo, el significado de esta proposición no está claro. Algunos autores dicen que el entorno está fuera del cuerpo, otros afirman que también está dentro de él. Entre los que dicen que el entorno está fuera del cuerpo, muchos son de la opinión de que los acontecimientos dentro del cuerpo y, por tanto, (en su opinión) no en el entorno, también pueden causar el comportamiento, aunque afirman que los acontecimientos dentro del cuerpo no pueden ser causas en el mismo sentido que los acontecimientos que tienen lugar fuera de él. Esto es confuso, y el presente artículo sostiene que el “entorno” puede no ser un concepto útil ni necesario en el análisis del comportamiento. Además, la abolición del concepto podría despejar el camino para una reintegración de la psicología skinneriana en la corriente principal.

Refuerzo negativo

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El refuerzo negativo es un término descrito por B. F. Skinner en su teoría del condicionamiento operante. En el refuerzo negativo, una respuesta o comportamiento se refuerza al detener, eliminar o evitar un resultado negativo o un estímulo aversivo.
El refuerzo negativo funciona para fortalecer ciertos comportamientos eliminando algún tipo de resultado aversivo. Como forma de refuerzo, refuerza la conducta que la precede. En el caso del refuerzo negativo, es la acción de eliminar el resultado o estímulo indeseable la que sirve de recompensa para realizar la conducta.
Los estímulos aversivos suelen implicar algún tipo de malestar, ya sea físico o psicológico. Las conductas se refuerzan negativamente cuando le permiten escapar de los estímulos aversivos que ya están presentes o le permiten evitar por completo los estímulos aversivos antes de que se produzcan.