Efecto pigmalion rosenthal

, Efecto pigmalion rosenthal

Ejemplo de efecto rosenthal

Considere este audaz experimento: Un director de sucursal de la compañía de seguros Metropolitan Life asignó los mejores agentes a su mejor subdirector, los productores medios a un director medio y los de bajo rendimiento al director más pobre.
Sorprendentemente, el grupo medio mejoró su productividad en un porcentaje mayor que el grupo superior. ¿Cómo? Su gerente no se consideraba a sí misma ni a sus agentes como promedio. Les dijo que tenían más potencial que los “superagentes” y les retó a superarlos.
La conexión entre expectativas y comportamiento ha estimulado la investigación desde 1969, cuando se publicó por primera vez este artículo. Pero evocar profecías positivas autocumplidas sigue siendo notablemente difícil. Las siguientes pautas pueden ayudar.
James Sweeney, profesor de la Universidad de Tulane y director de un centro informático, creía que podía enseñar a manejar ordenadores incluso a personas con poca formación. Seleccionó al conserje George Johnson para demostrar su convicción. Gracias a las convicciones de Sweeney sobre sus propios poderes de enseñanza y la capacidad de aprendizaje de Johnson, éste dominó el material, comenzó a gestionar la sala principal de ordenadores y, finalmente, formó a nuevos empleados.

Lo opuesto al efecto pigmalión

El efecto Pigmalión es el fenómeno por el cual las expectativas más altas conducen a un mayor rendimiento. Su nombre proviene de un mito griego en el que un escultor, Pigmalión, amaba tanto a una de sus esculturas que sus súplicas convencieron a Afrodita, la diosa del amor, para que convirtiera la escultura en un ser humano. El efecto puede ser tanto negativo como positivo, como en la obra de G. B. Shaw, en la que una simple florista se convierte en una auténtica dama. El efecto Pigmalión también se conoce como el Experimento Rosenthal, llamado así por las investigaciones de Robert Rosenthal en Harvard. Para ver cómo funciona este efecto en la vida real, sigue leyendo.
El efecto Pigmalión es el fenómeno por el cual las expectativas más altas conducen a un mayor rendimiento. Se puede entender mejor mediante un círculo en el que NUESTRAS CREENCIAS sobre las capacidades de otra persona influyen en NUESTRAS ACCIONES hacia la otra persona. Esta acción tiene un impacto en las CREENCIAS del OTRO sobre sí mismo. Las creencias sobre ellos mismos provocan las ACCIONES del OTRO hacia nosotros, lo que refuerza de nuevo NUESTRAS CREENCIAS sobre esa persona. Y así sucesivamente…

Efecto rosenthal vs. efecto hawthorne

El efecto Pigmalión, o efecto Rosenthal, es un fenómeno psicológico en el que las altas expectativas conducen a una mejora del rendimiento en un área determinada[1] El efecto recibe su nombre del mito griego de Pigmalión, un escultor que se enamoró de una estatua que había esculpido, o, alternativamente, del psicólogo Robert Rosenthal. Rosenthal y Lenore Jacobson, en su libro, aplicaron la idea de que las expectativas de los profesores sobre sus alumnos afectaban al rendimiento de éstos, una opinión que ha sido parcialmente socavada por investigaciones posteriores[2].
Rosenthal y Jacobson sostenían que las altas expectativas conducen a un mejor rendimiento y las bajas a un peor,[1] ambos efectos conducen a la profecía autocumplida. Según el efecto Pigmalión, los destinatarios de las expectativas interiorizan sus etiquetas positivas, y aquellos con etiquetas positivas triunfan en consecuencia; un proceso similar funciona en sentido contrario en el caso de las bajas expectativas. La idea que subyace al efecto Pigmalión es que el aumento de las expectativas del líder sobre el rendimiento del seguidor dará lugar a un mejor rendimiento de éste. En sociología, el efecto se cita a menudo en relación con la educación y la clase social. El efecto Pigmalión también ha sido objeto de críticas.

Wikipedia

Las conclusiones del estudio han demostrado que las expectativas de un líder tienen un impacto directo en el rendimiento de la persona a la que dirige. O como lo describe Rosenthal: “Lo que una persona espera de otra puede llegar a ser una profecía autocumplida”.
Aunque el estudio se realizó originalmente en un aula, desde entonces se ha aceptado que el Efecto Pigmalión se aplica a todo tipo de entornos, desde equipos deportivos de élite hasta el lugar de trabajo moderno.
Los estudiantes completaron una prueba que, según se decía, podía identificar a los “aceleradores del crecimiento”, es decir, a los que estaban preparados para hacer progresos académicos. A continuación, los profesores recibieron los nombres de los alumnos que estaban a punto de florecer intelectualmente y, como un reloj, estos estudiantes mostraron un aumento significativo en el rendimiento en comparación con sus compañeros de clase cuando fueron examinados de nuevo al final del año.
Pero aquí está el truco: los “alumnos de crecimiento” fueron elegidos al azar. La única diferencia entre ellos y sus compañeros, como dice Rosenthal, “estaba en la mente del profesor”. Puede parecer algo insignificante, pero las expectativas que se tienen en la mente de un profesor -o de un padre, un directivo o un entrenador- pueden influir enormemente en el rendimiento.