La procrastinación

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El fin de la procrastinación… cómo dejar de…

Como muchos escritores, soy un experto en procrastinar. Cuando debería estar trabajando en una tarea, con el reloj avanzando hacia la fecha de entrega, me siento a ver entrevistas políticas sin sentido o resúmenes de boxeo en YouTube (los vídeos de gatos no son lo mío). En el peor de los casos, casi empiezo a sentirme un poco loco: tienes que estar trabajando, me digo, así que ¿qué demonios estás haciendo?
Según el pensamiento tradicional -que sigue siendo defendido por los centros de asesoramiento universitario de todo el mundo, como la Universidad de Manchester en el Reino Unido y la Universidad de Rochester en Estados Unidos-, yo, junto con mis compañeros procrastinadores, tengo un problema de gestión del tiempo. Desde este punto de vista, no he valorado del todo el tiempo que me va a llevar mi tarea y no estoy prestando suficiente atención al tiempo que estoy perdiendo en el “ciberespacio”. Con una mejor programación y un mejor control del tiempo, según la lógica, dejaré de procrastinar y me pondré a trabajar.
Sin embargo, cada vez más psicólogos se dan cuenta de que esto es un error. Expertos como Tim Pychyl, de la Universidad de Carleton (Canadá), y su colaboradora Fuschia Sirois, de la Universidad de Sheffield (Reino Unido), han propuesto que la procrastinación es un problema de gestión de nuestras emociones, no de nuestro tiempo. La tarea que posponemos nos hace sentir mal -quizás es aburrida, demasiado difícil o nos preocupa fracasar- y para sentirnos mejor en el momento, empezamos a hacer otra cosa, como ver vídeos.La procrastinación crónica está relacionada con los costes de la salud mental y física, desde la depresión y la ansiedad hasta las enfermedades cardiovasculares (Crédito: Alamy)Esta nueva perspectiva de la procrastinación está empezando a abrir nuevos enfoques interesantes para reducir el hábito; incluso podría ayudarte a mejorar tu propio enfoque del trabajo. “El autocambio de cualquier tipo no es algo sencillo, y suele seguir el viejo adagio de dos pasos adelante y uno atrás”, dice Pychyl. “Dicho todo esto, estoy seguro de que cualquiera puede aprender a dejar de procrastinar”.

Citas sobre la procrastinación

La procrastinación es la acción de retrasar o posponer innecesaria y voluntariamente algo a pesar de saber que habrá consecuencias negativas por hacerlo. La palabra tiene su origen en el latín procrastinatus, que a su vez evolucionó a partir del prefijo pro-, que significa “hacia adelante”, y crastinus, que significa “de mañana”[1]. Podría afirmarse además que es un retraso habitual o intencionado de empezar o terminar una tarea a pesar de saber que podría tener consecuencias negativas[2]. Es una experiencia humana común que implica retrasar las tareas cotidianas o incluso posponer tareas destacadas como acudir a una cita, presentar un informe de trabajo o una tarea académica, o abordar un asunto estresante con la pareja. Aunque suele percibirse como un rasgo negativo por su efecto obstaculizador de la productividad, a menudo asociado a la depresión, la baja autoestima, el sentimiento de culpa y la inadecuación,[3] también puede considerarse una respuesta acertada a ciertas demandas que podrían presentar resultados arriesgados o negativos o que requieren esperar a que llegue nueva información[4].

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La procrastinación es la acción de retrasar o posponer innecesaria y voluntariamente algo a pesar de saber que habrá consecuencias negativas por hacerlo. La palabra tiene su origen en el latín procrastinatus, que a su vez evolucionó a partir del prefijo pro-, que significa “hacia adelante”, y crastinus, que significa “de mañana”[1]. Podría afirmarse además que es un retraso habitual o intencionado de comenzar o terminar una tarea a pesar de saber que podría tener consecuencias negativas[2]. Es una experiencia humana común que implica retrasar las tareas cotidianas o incluso posponer tareas destacadas como acudir a una cita, presentar un informe de trabajo o una tarea académica, o abordar un asunto estresante con la pareja. Aunque suele percibirse como un rasgo negativo por su efecto obstaculizador de la productividad, a menudo asociado a la depresión, la baja autoestima, el sentimiento de culpa y la inadecuación,[3] también puede considerarse una respuesta acertada a ciertas demandas que podrían presentar resultados arriesgados o negativos o que requieren esperar a que llegue nueva información[4].

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Para la mayoría de las personas, la procrastinación, independientemente de lo que digan, NO consiste en ser perezoso. De hecho, cuando procrastinamos solemos trabajar intensamente durante largos periodos de tiempo justo antes de las fechas de entrega. Trabajar mucho y duro es lo contrario de la pereza, así que esa no puede ser la razón por la que lo hacemos. Entonces, ¿por qué procrastinamos y, lo que es más importante, qué podemos hacer al respecto?
Como se ha sugerido anteriormente, algunos dicen que procrastinan porque son perezosos. Otros afirman que “hacen mejor” cuando procrastinan y que “trabajan mejor” bajo presión. Te animo a que seas crítico y reflexiones sobre estas explicaciones. Prácticamente todos los que dicen esto procrastinan habitualmente y no han completado una tarea académica importante en la que hayan hecho un plan, lo hayan puesto en práctica, hayan tenido tiempo de revisar, etc. antes de su fecha límite. Así que, en realidad, no pueden hacer una comparación sobre las circunstancias en las que trabajan mejor. Si casi siempre procrastinas y nunca abordas tus tareas de forma sistemática, no puedes decir con exactitud que sabes que “trabajas mejor” bajo presión. Otras personas dicen que les gusta la “prisa” de dejar las cosas para el final y cumplir con un plazo. Pero suelen decir esto cuando NO están trabajando bajo ese plazo. Dicen que esto funciona antes o después de empollar, cuando han olvidado las consecuencias negativas de procrastinar, como los sentimientos de ansiedad y estrés, la fatiga y la decepción por quedar por debajo de sus propios estándares y tener que poner su vida en pausa durante trozos de tiempo. Por no hablar de que dejar las cosas para el final aumenta drásticamente las posibilidades de que algo salga mal -como ponerse enfermo o tener un problema con el ordenador- y no poder sacar la nota deseada. Así pues, procrastinar puede ser duro para nosotros y, de hecho, aumenta nuestras posibilidades de suspender, pero lo hacemos de todos modos. ¿Por qué?